Hoy día, en plena cultura del espectáculo, encontrarnos con manifestaciones artísticas que con un susurro nos conmuevan, no es lo habitual. De ahí que la obra que realiza la pintora Carmen Chofre se nos antoja como una rara avis en el elenco del arte actual.

De clara raigambre figurativa ,tanto en el dibujo como en la pintura, Carmen demuestra una capacidad técnica mayúscula, que facilita una simbiosis perfecta entre la intención de la artista y la materia pictórica. Lejos de una simple factura fotográfica, el dominio que posee de la “mancha” la entroncan con la más alta tradición de la pintura española.

Aun así esta increíble capacidad técnica es transcendida por un mundo absolutamente evocador, que acompaña toda la obra de esta pintora. Pues es su personalísima mirada lo que nos atrapa, haciéndonos participe de una atmósfera en quietud que consigue un tiempo en reposo…una vida en suspenso. Se sitúa así próxima a la significación etimológica de los still leben alemanes o las still life inglesas.

Sus espacios mayoritariamente interiores -incluso los paisajes parecen acotarnos a un espacio íntimo a partir de sus densas atmósferas-, sus durmientes, nos revelan una mirada profundamente humana que en su sosiego nos hacen participe de un misterio, de un ensimismamiento poético que nos recuerdan a la sigilosa observación de la cotidianeidad interior de un Johannes Vermeer.

Consigue así su pintura un sigilo absolutamente respetuosa con el o lo otro, un mirar sosegado e íntimo.

Tener la oportunidad de adentrarnos en el mundo de Carmen Chofre es pues una exquisitez, y es una suerte poder compartir esa atmósfera evocadora, ese misterio… esa mirada íntima de esta genial artista.

J. Morillo

CV

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